La vida de Manuel

La vida de Manuel

Manuel se despertó a las 6. Todavía no había rastro del sol en el horizonte, pero la luz anaranjada ya asomaba entre las altas torres de Madrid. Un cielo limpio y de un azul profundo llenaba el resto del cielo, todavía una estrella luminosa aguantaba en el firmamento, no podía sentirse otra cosa que no fuese paz. Pero la paz le había abandonado hacía ya algún tiempo, una obsesión le ocupaba las 24 horas del día.

Otra gente simplemente vivía, no se preocupaba más allá de qué trabajo escoger, cuándo casarse o si comprarse una casa en el campo o en la montaña, para Manuel esas eran cosas triviales, a él le preocupaba LA VIDA. Cada día como ese, al despertar, sentía que quería vivir al máximo, disfrutar de cada momento, pero a menudo llegaba la noche y se sentía vacío. ¿Vivía la vida que realmente deseaba? ¿pasaba tiempo con la gente con la que de verdad disfrutaba? ¿hacía las cosas que le hacían feliz? A veces el solo hecho de preguntárselo dolía, porque en el fondo de sí mismo conocía la verdad. Más allá de la fachada, de lo que los demás veían, de su aire aventurero, en el fondo había muchas cosas en su vida de las que no era dueño.

El café humeante le relajaba, la luz se hacía cada vez más intensa y el ruido de los coches más persistente. La ciudad ya estaba en movimiento. Manuel quería entender qué era lo importante, a qué merecía la pena dedicarle su tiempo y su energía, esa era su obsesión. En un mundo en el que la línea entre la voluntad propia y la influencia externa no está clara, él quería ENTENDER qué era lo importante, quería entenderlo para poder elegir y tomar las decisiones que le llevasen por el camino acertado, por el más intenso, el más vivo, el más importante.

¿Debía viajar solo por el mundo?, ¿debía buscar a su alma gemela?, ¿debía crear una empresa de éxito de la que sentirse orgulloso? Todas estas preguntas le dejaban exhausto porque no tenía respuestas.

Manuel lo sabía, el inconformismo provoca cambios y los cambios provocan incertidumbre, dolor, miedo. Eso era parte de él y nunca le abandonaría, por mucho que intentase domesticarlo, su deseo de buscar siempre algo mejor le acompañaría el resto de su vida. Le haría perder amigos, dinero, salud, amor y también le haría ganar momentos, experiencias, amor y riqueza.

Sin embargo, en el fondo de sí mismo, entendía que cuando tienes cosas que perder el coraje disminuye, el aventurero se hace urbanita y la vida te puede atrapar en su jaula de cristal.

 

Fotografía de Baala

3 opiniones en “La vida de Manuel”

  1. Cuando uno se sienta en silencio, a solas, y sólo respira sin pensar en nada, desaparecen las jaulas.
    Quizás sea el pensamiento continuo lo que nos encarcela y confunde.

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