La prisa nos vuelve menos humanos

La prisa nos vuelve menos humanos
dp Chaigneau fotos

Las 8:00, Madrid, calle Alberto Alcocer, un hombre se encuentra aturdido y tiene sangre en la cabeza. Está tirado en un lado de la acera y presenta signos de haber bebido. Hombres con traje y mujeres con tacones altos pasan a escasos centímetros sin prestarle ninguna atención. No son malas personas, simplemente, tienen prisa.

Así son nuestras grandes ciudades y así nos hemos vuelto poco a poco muchos de nosotros: menos humanos. Las prisas y esa sensación de urgencia que nos corroe todo el día. Y es normal, el ciudadano medio de una gran ciudad sale a las 7:30 de casa para llegar puntual al trabajo, sale del trabajo con el tiempo justo para coger el coche e ir a recoger a los niños a la otra punta de la ciudad. Nada más llegar a casa hay que recoger, preparar las meriendas, ayudar a los niños con los deberes y probablemente hacer trabajo atrasado cuando los niños se acuesten. No nos damos ni un minuto para respirar, para reflexionar. ¿Es esta la vida que queremos? ¿Es este el camino para una sociedad mejor? NO.

Muchos pensaréis que no hay alternativa, pero la hay. Lo que ocurre es que no habéis tenido tiempo para pensar en ello ni para daros cuenta de que esa alternativa os haría más felices y más humanos. En estos momentos, en los que el paro es una plaga, deberíamos aprovechar ese tiempo «libre» para meditar sobre nuestras vidas, sobre lo que esta forma de vida ha hecho de nosotros y si realmente queremos seguir así.

Si te has pasado los últimos 15 años de tu vida corriendo, pararte es algo que incomoda, pero eso se pasa, y una vez que te pares, lo verás todo mucho más claro. Las cosas importantes empezarán a cobrar sentido y las menos importantes caerán por su propio peso. Entonces tendrás tiempo para escuchar a los demás en vez de mirar nervioso el reloj cada dos minutos, tendrás tiempo para una larga sobremesa con café y coloquio, tendrás tiempo para trabajar bien porque tu mente estará despejada y tus prioridades claras. La pausa nos humaniza y eso es lo más importante, porque, aunque a veces lo parezca, no somos robots somos personas.

Sé que es difícil salir de esa espiral de estrés y prisas, pero merece la pena. Quizás en ese momento te sorprendas ayudando al borracho de la acera y quizás te sorprendas viendo que el borracho es tu tío Luis, el que te llevaba a pescar cuando tenías 10 años y al que no veías desde hace más de 20.

No se trata de más, se trata de mejor

Un comentario en “La prisa nos vuelve menos humanos”

  1. Corremos tanto que cuando tenemos una parada forzosa llamada vacaciones, el cuerpo y la mente sufren una conmoción, con el tiempo cada vez más con consecuencias graves.

    En Japón inventaron una palabra para la muerte por exceso de trabajo estresante: Karoshi.

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