La sociedad del ruido

Tráfico en Rusia

Me levanto con una ruidosa alarma del móvil. A partir de ahí vienen los 15 minutos más tranquilos del día, al menos en mi caso que me levanto a las 6:20. Cojo el coche para ir al trabajo, ruido de motores, neumáticos rodando y algún que otro claxon. Afortunadamente, la mitad de los conductores estamos en un estado semi-inconsciente que nos impide accionar el claxon «como Dios manda». La gente comienza a llegar a la oficina, ruido del AA o de la calefacción, los ventiladores de los ordenadores y el dichoso destructor de papel. La gente comentando el partido del fin de semana. Por fin 5 minutos de relax antes de ponerte a currar, te tomas un coffe en la cafetería. Noticias de fondo en la tele (aunque nadie les preste atención), el molinillo de café haciendo su trabajo y la gente hablando de la última comparecencia de ZP.

Ya en faena, te pones los cascos para intentar concentrarte pero tu jefe te dice que «esas no son maneras». Suena el teléfono. Infinitas sinfonías de móvil con el último hit de Lady Gaga, Ricky Martin y King África suenan más cerca y más lejos. Miro a mi alrededor y a todo el mundo le parece normal. Suena el teléfono. Reunión de altos vuelos: uno con el portatil, el otro con el iPad y yo me he dejado el iPhone en mi mesa, ¿estará pasando algo importante y no me estoy enterando?

Mientras como solo ojeo el Twitter y el e-mail, que acabo de ver en la ofi hace 5 minutos, pero nunca se sabe, quizá la empresa ha quebrado en ese tiempo y no puedo permitirme estar desinformado. En Twitter releo la duodécima lista de «10 formas de mejorar el posicionamiento de tu Web», que es casi tan buena como «Cómo ser un emprendedor en 5 sencillos pasos».  No sé qué haría sin Twitter

Vuelvo a casa escuchando la radio, las noticias, que son las mismas que en la sesión de las 7, pero nunca se sabe…

Afortunadamente, esta tarde he quedado en un bar para tomar unas cañas y relajarme. Es un sitio con buenas tapas y música moderna, sería la leche si puediese escuchar a mis colegas, pero por más que me esfuerzo, la mujer que tengo detrás se empeña en hacerme oir lo gamberro que es el chico con el que sale su hija.

Pongo la tele mientras ceno: noticias en la 1, noticias en la 2, noticias en la 3… qué suerte, me repiten las noticias del medio día para que no se me olviden.

Quizá yo sea un maniático pero a menudo añoro el silencio de mi pueblo, Aineto. Es un lugar perdido en el pre-pirineo Aragonés donde en las noches de invierno solo se escucha el viento y donde el tiempo me rejuvenece en vez de envejecerme.

«El ruido no es solo un fenómeno sonoro, también la información no deseada o excesiva es ruido»

3 opiniones en “La sociedad del ruido”

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